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Pedro Restrepo: Una lucha inquebrantable que desnudó a un país

Pedro Restrepo
Antioquia, Colombia, 1943

Pedro José Restrepo Bermúdez nació en Andes (Antioquia, Colombia), el 5 de mayo de 1943. Estudió Ingeniería Mecánica y sus primeros trabajos fueron en empresas textiles. Se estableció en Ecuador el 16 de enero de 1970 después de recibir una invitación de la fábrica textil La Internacional para trabajar en mantenimiento industrial. Vivió desde entonces en Quito con su esposa Luz Elena Arismendi, donde nacieron tres hijos Carlos Santiago, Pedro Andrés y María Fernanda. Pero, en 1988, Carlos Santiago y Pedro Andrés desaparecieron. La búsqueda de sus hijos se convirtió en una lucha emblemática para las familias de los desaparecidos. Acudió cada miércoles, durante 19 años, a la Plaza Grande para visibilizar su caso. En 1998, el Estado ecuatoriano reconoció su responsabilidad y se comprometió a buscar los cuerpos de los menores. Pero hasta la fecha no aparecen.

A Pedro Restrepo la vida lo puso frente al poder. Como ciudadano en un país que no era el suyo su interés por la política no pasaba más allá de leer los periódicos. Había llegado al Ecuador en 1970 atraído por una oferta laboral para trabajar en la empresa textil La Internacional. Trajo a su esposa Luz Elena Arismendi y en Quito tuvieron tres hijos.

Entre sus recuerdos está un episodio de 1979, en plena transición a la democracia. Vivía en una casa arrendada. Un día de forma inesperada la dueña del lugar le pidió que saliera de la vivienda. Él se negó porque había un contrato firmado. Pero llegó un piquete de policías a amedrentarlos. Supieron que la dueña de la casa era familiar del general Bolívar Jarrín Cahueñas, ministro de Gobierno de la Junta Militar que gobernó antes de Jaime Roldós. Molestos, los Restrepo se presentaron ante el militar. “Oiga mi mayor, ¿por qué nos quiere sacar?”, le dijo una frontal Luz Elena. “¡General!”, le gritó el ministro para corregirla. Les dio 72 horas para salir de la casa. Fue la primera vez que sintieron el abuso del poder. 

“De lo único que uno puede estar confiado es de la solidaridad del pueblo, sobre todo del más sencillo y más sufrido, porque eso lo hemos sentido”

Por eso, cuando escucharon que el Ecuador retornaría a la democracia imaginaron que se acabarían los excesos contra los ciudadanos. Aunque Pedro Restrepo era conservador, en Roldós vieron a un gran orador que encendía esperanzas hasta que el expresidente murió en el accidente aéreo de 1981. Más adelante, las medidas económicas de su sucesor Osvaldo Hurtado se sintieron. Los Restrepo se habían endeudado para hacer su casa y por meses sus cuentas salieron en cero. En 1984, su esposa se dedicó a las ventas para mejorar la economía del hogar. En ese mismo año, como conservadores, apoyaron la candidatura de León Febres Cordero sin imaginar que ese gobierno marcaría sus vidas con la desaparición de sus hijos, Carlos Santiago y Pedro Andrés, en 1988. 

 Han pasado más de tres décadas de esa tragedia y Pedro Restrepo tiene las fechas y las horas intactas en su memoria. En ese entonces, Ecuador -dice- era un país donde la Policía tenía prestigio y no figuraba en el mapa regional de violaciones a los derechos humanos. Por eso, la noticia que recibieron él y su esposa al regreso de un viaje a la playa los dejó desconcertados. El 10 de enero de 1988, a las 16:00, se enteraron que sus hijos ya no estaban. 

 De esas horas de angustia quedan muchas voces. El padre no olvida, por ejemplo, la conversación que tuvo con el general Miguel Arellano, ex jefe de Inteligencia Militar de Febres Cordero, quien le dijo que los jóvenes fueron detenidos por los policías del SIC-10. Esa fue una unidad policial clandestina creada para combatir a la subversión. Pero el general cayó después en el silencio. De ese momento le quedó una frase: “Negar y mentir es padre y madre, una máxima de la Policía”. 

 La tragedia fue un quiebre para Pedro Restrepo en sus convicciones políticas. “Esos gobiernos conservadores, curuchupas que hablan de Dios estaban por otros intereses. Había que sacrificar a toda una familia y dos niños para que los intereses de su clase siguieran”. La familia Restrepo encontró refugio y apoyo en los movimientos y organizaciones de izquierda. Ese acompañamiento los cambió totalmente. 

 Con todo en contra, la familia decidió visibilizar el caso durante el gobierno de Rodrigo Borja. En 1989 empezaron a salir a la Plaza Grande para exigir justicia. Al inicio, fue un grupo muy pequeño apoyado por la CEDHU. Pero recibieron insultos porque tenían el estigma de ser narcotraficantes. La prensa les puso atención y un editorialista escribió sobre su lucha de todos los miércoles. Su protesta convocó a figuras de la música y el teatro popular como Jaime Guevara y Carlos Michelena. 

 Pensaron que en Borja encontraría el apoyo que necesitaban, pero hubo también evasivas. La familia encontró una oportunidad cuando se dio el secuestro de un ganadero. Un grupo de expertos europeos arribaron al país para investigar ese caso y lo mismo pidió la familia para el caso Restrepo. El gobierno tuvo que aceptar. Llegaron también agentes del DAS de Colombia cuyo informe se intentó ocultar. Él tuvo acceso al informe y encontró allí una acusación directa a la Policía. Decidieron hacerlo público y eso abrió el camino para las investigaciones y un juicio que terminó en 1995 con la condena a cuatro agentes policiales de diversos rangos. Para el padre, esa fue una sentencia a medias porque el poder político no fue tocado. La familia acudió a instancias internacionales y fue en la Corte Interamericana de Derechos Humanos donde Ecuador aceptó que se trató de un crimen de Estado, en 1998. En 2008 se creó la Comisión de la Verdad para investigar las violaciones de derechos humanos durante el régimen de Febres Cordero. 

 A Pedro Restrepo le quedan recuerdos hostiles de los diversos gobiernos. Fue desalojado de la Plaza Grande en los gobiernos de Borja y de Sixto Durán Ballén. En la administración de Jamil Mahuad, el Estado pagó la compensación económica a la familia Restrepo determinada en la sentencia de la Corte internacional, pero no siguió con las investigaciones. “Todos nos despreciaron y persiguieron”. Cada paso que dio esta familia puso a todo un país frente a un espejo que desnudó -más que sus imperfecciones- las indulgencias con sus acciones y su complicidad con injusticias. 

“La desaparición de un ser querido es una tragedia total, es inenarrable. Vivir con esto es muy difícil. Si no hubiera luchado no hubiera podido vivir. Los rostros de mis hijos me han mantenido vivo”

 Pero este padre dejó al país una sentencia que se volvió jurisprudencia en la región y una forma de protesta para las familias que exigen justicia en la desaparición de sus hijos. Su lucha atravesó la vida democrática de un Ecuador que de tumbos en tumbos ha pasado por crisis económicas y políticas. Pedro Restrepo tiene una gran lección: ser escéptico y desconfiado del poder. “El ciudadano está inerme frente al poder, ya sea dictatorial o democrático. De lo único que uno puede estar confiado es de la solidaridad del pueblo, sobre todo del más sencillo y más sufrido, porque eso lo hemos sentido”. 

 ¿Qué es la democracia para un padre que ha perdido dos hijos? A Pedro Restrepo le cuesta contestar esta pregunta. “Alguna vez fue definida como la menos mala de los gobiernos. Al ver en retrospectiva, su esencia dice ser de gobiernos para el pueblo, donde todos tienen la misma voz y los mismos derechos, es una retórica muy justa. Pero en la práctica no funciona así, responde a grupos de poder”. Dice ser un cuestionador de la democracia, pero al mismo tiempo cree que su tragedia al final tuvo un sentido. “Si de pronto esta lucha ha logrado que la gente despierte y reclame, podemos decir que el sacrificio de estos niños no ha sido tan inútil”.

Fotos: Luis Argüello
Un ingeniero colombiano que encontró en el Ecuador una oportunidad laboral terminó convirtiéndose en la figura más visible por los derechos de los desaparecidos. Esa lucha y la de su familia dejaron legados a un alto costo de dolor y persecución.